Las noches del posparto: dormir también es una forma de cuidar

Niñeras nocturnas, puerperio y redes de cuidado: quién sostiene a quienes sostienen al recién nacido.

Cuando llegar a casa con el bebé también significa no dormir

En las últimas semanas se habló mucho de las night nannies europeas: personas especializadas en el cuidado nocturno de recién nacidos, que acompañan a las familias durante las primeras semanas después del nacimiento. Para algunas, esta modalidad representa un servicio exclusivo. Para otras, abre una pregunta que va mucho más allá de la posibilidad de contratar ayuda: ¿quién cuida a quienes están aprendiendo a cuidar?

Hay un momento particularmente sensible en la llegada de un bebé: el regreso a casa. Termina la internación, se retiran las visitas y comienza una experiencia nueva, sin la presencia permanente de un equipo de salud. Hay un recién nacido que llora, una madre que se recupera física y emocionalmente del parto y adultos que empiezan a descubrir cómo responder a las necesidades de ese bebé.

Las noches pueden hacerse especialmente largas. Y el cansancio no es solamente físico: también supone una exigencia emocional que merece ser reconocida.

El posparto y las redes de cuidado: qué cambió en las familias

La necesidad de descansar después de un parto no es nueva. Lo que cambió, en muchos casos, son las condiciones en las que se transita el puerperio.

Durante generaciones, muchas familias contaron con redes de apoyo más cercanas: madres, abuelas, hermanas, tías o vecinas que colaboraban con las tareas cotidianas, acompañaban al recién nacido o permitían que la madre descansara durante algunas horas.

Hoy esas redes no siempre están disponibles. Los abuelos pueden continuar trabajando, vivir lejos o tener sus propias necesidades de cuidado. Las licencias laborales son limitadas, las exigencias profesionales continúan y muchas familias atraviesan los primeros meses de crianza con escaso acompañamiento cotidiano.

No se trata de idealizar las formas familiares del pasado ni de suponer que todas las familias contaban con ayuda. Se trata de reconocer que criar nunca fue una tarea individual, aunque muchas veces se la haya presentado como una responsabilidad privada de los padres y, especialmente, de las madres.

El cuidado invisible: una tarea que también necesita reconocimiento

Gran parte del acompañamiento que antes se resolvía dentro de las familias constituía un trabajo de cuidado. Alguien preparaba la comida, atendía las necesidades de la casa, alzaba al bebé o permitía que la madre pudiera dormir un rato.

Ese trabajo, realizado históricamente en gran medida por otras mujeres, pocas veces era reconocido como tal.

Cuando las redes familiares se reducen, esas tareas no desaparecen: alguien tiene que asumirlas. En este contexto, la aparición de nuevas modalidades de acompañamiento nocturno permite visibilizar una necesidad que siempre existió.

Las niñeras nocturnas dicen algo sobre las transformaciones de la organización familiar y social del cuidado. La pregunta no es solamente quién puede hacerse cargo del bebé durante algunas horas de la noche, sino quién sostiene a los adultos que están sosteniendo su llegada al mundo.

Para cuidar a un bebé también hace falta un entorno que cuide

Donald Winnicott, pediatra y psicoanalista, desarrolló una idea fundamental para pensar los primeros tiempos de la vida: el bebé necesita un ambiente facilitador que pueda responder a sus necesidades y ofrecerle continuidad y sostén.

En sus desarrollos sobre la preocupación maternal primaria, describió el particular estado de sensibilidad que atraviesa la madre alrededor del nacimiento y durante las primeras semanas. Esa disposición le permite estar especialmente atenta a las necesidades de su bebé.

Pero hay algo fundamental en esta concepción: esa posibilidad de sostener no depende exclusivamente de las capacidades individuales de la madre. También necesita un entorno que la sostenga.

Cuando el cansancio se acumula y no hay espacios de descanso, la disponibilidad emocional puede verse comprometida. El llanto del bebé, que requiere una respuesta y una presencia, puede comenzar a vivirse como una exigencia difícil de soportar. Pueden aparecer irritabilidad, angustia y sentimientos de culpa.

A esto se suman los ideales de maternidad que todavía circulan: la idea de que una buena madre puede con todo, que debe saber intuitivamente qué necesita su hijo y que pedir ayuda significa no estar a la altura.

Sin embargo, Winnicott no hablaba de una madre perfecta. Su concepto de madre suficientemente buena permite pensar una maternidad que no necesita responder de manera absoluta ni permanente a todas las demandas.

Pedir ayuda, aceptar el acompañamiento y reconocer los propios límites no significa delegar la maternidad. Significa construir las condiciones necesarias para que el encuentro con el bebé pueda desarrollarse de una manera más saludable.

¿Cómo acompañar las noches de un recién nacido?

No todas las familias necesitan ni pueden contratar una niñera nocturna. El acompañamiento puede organizarse de diferentes maneras: mediante turnos entre los adultos responsables, la colaboración de familiares o la incorporación de una persona especializada.

Lo importante es que el cuidado no quede librado a la improvisación.

Si se decide incorporar a alguien para acompañar las noches, conviene considerar algunos aspectos:

  • Experiencia concreta en el cuidado de recién nacidos y referencias laborales recientes que puedan verificarse.
  • Capacidad para responder al llanto, reconocer las necesidades del bebé y respetar las pautas de crianza de la familia.
  • Formación y conocimientos sobre cuidados básicos del recién nacido.
  • Documentación y antecedentes laborales debidamente verificados.
  • Acuerdos claros sobre las tareas, los horarios, la lactancia, los momentos en que debe despertar a los padres y las pautas de sueño seguro indicadas por el pediatra.

La persona que acompaña no reemplaza a los padres ni ocupa su lugar. Su función es colaborar en la organización del cuidado, ofreciendo tranquilidad y continuidad, y permitiendo que los adultos puedan descansar cuando sea posible.

También es importante recordar que el agotamiento intenso, la tristeza persistente, la angustia o las dificultades importantes para dormir merecen atención profesional. No todo lo que sucede durante el puerperio debe naturalizarse como parte inevitable de la maternidad.

Dormir también es cuidar

La llegada de un bebé transforma la vida familiar. Hay nuevos tiempos, nuevas demandas y una relación que comienza a construirse día a día.

En ese proceso, el cuidado no puede pensarse solamente desde las necesidades del recién nacido. También es necesario mirar a quienes lo cuidan, reconocer sus dificultades y construir redes que permitan acompañarlos.

Dormir no es un lujo ni una falta de amor. Descansar es una necesidad que forma parte del cuidado.

Porque para que un bebé pueda ser sostenido, también hace falta que quienes lo reciben encuentren un entorno capaz de sostenerlos.

Lic. Claudia Griffa, psicoanalista. Socia fundadora de Cuídame Mucho.

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