Qué espera un niño o una niña del Otro: una mirada psicoanalítica sobre la crianza y el cuidado compartido.
La infancia es el territorio donde comienza a construirse el vínculo con el mundo. Un niño no solo necesita que un adulto cubra sus necesidades básicas. También necesita una presencia que lo aloje, lo sostenga, lo mire, lo escuche y pueda poner en palabras aquello que todavía no puede expresar por sí mismo.
Es en esa experiencia de cuidado donde se va gestando la confianza: la certeza de que hay alguien disponible, alguien que acompaña y sostiene. En psicoanálisis se llama “el Otro” a quien ocupa, para un niño pequeño, ese lugar primordial: el adulto que interpreta su llanto, le da nombre a lo que siente y le transmite que lo que le pasa tiene sentido. Lo que un niño espera del Otro no es perfección: es que alguien responda.
¿Qué necesita un niño para sentirse seguro?
Un niño se siente seguro cuando hay adultos que están presentes, lo miran con interés y le ponen palabras a lo que vive. Presencia, mirada y palabra son tres pilares de la confianza básica en los primeros años.
Presencia. No se trata de estar todo el tiempo, sino de estar disponible de manera previsible. Un bebé no necesita compañía las veinticuatro horas; necesita saber que, cuando llama, alguien va a venir. La previsibilidad (rutinas, horarios, rituales de despedida y de regreso) le ofrece un mundo ordenado desde el cual animarse a explorar.
Mirada. Ser mirado es ser reconocido. Un adulto que mira a un niño mientras come, juega o se enoja le transmite que existe para alguien. No es una mirada que controla ni que evalúa, sino una que se interesa.
Palabra. Antes de poder hablar, el niño ya es hablado: “tenés sueño, ya sé, ya te acuno”. Cuando un adulto nombra lo que el bebé siente, el malestar empieza a ser algo que se puede tolerar y, más adelante, algo que el niño podrá decir por sí mismo.
¿Hay que evitarle al niño todas las dificultades?
No. No se trata de evitarle las dificultades ni de resolverle todo. Se trata de ofrecerle un vínculo lo suficientemente seguro como para que pueda atravesar los desafíos sabiendo que no está solo frente a la vida.
El psicoanalista Donald Winnicott hablaba de una madre “suficientemente buena”: no la que nunca falla, sino la que falla de a poco y en dosis que el niño puede tolerar. Los desencuentros son inevitables: una respuesta que llega tarde, un enojo del adulto, un “ahora no puedo”. Lo que construye confianza no es la ausencia de esos momentos, sino lo que sucede después: volver, explicar, pedir disculpas si hace falta, retomar el juego.
Esto puede aliviar a las madres y los padres que trabajan y sienten culpa por el tiempo que no están. El vínculo no se mide en horas, sino en la calidad de la respuesta cuando el niño necesita algo.
Maternar y paternar son funciones
En Cuídame Mucho creemos que maternar y paternar son funciones que se construyen y se ejercen cada día. Una función no depende del sexo ni del parentesco: es lo que alguien hace por un niño cuando lo aloja, lo cuida y lo ayuda a crecer. Por eso, muchas veces, la crianza se sostiene entre más de una persona.
Criar también es poder apoyarse en otros. Creemos que la crianza se vive mejor cuando no hay que hacerla en soledad.
¿Una niñera puede generar apego?
Sí, y es esperable que así sea. Una niñera no reemplaza a mamá ni a papá: se convierte en una aliada que acompaña, cuida y suma a la tarea de criar. Un niño puede vincularse afectivamente con más de un adulto sin que eso le quite nada a sus padres; contar con varias figuras confiables, en cambio, amplía su red de seguridad.
Para que ese vínculo funcione, importan algunas condiciones: que sea estable, que haya un período de adaptación gradual, que los padres conserven su lugar y que la forma de cuidar esté en sintonía con los valores y las decisiones de la familia. Los cambios frecuentes de cuidadora, en cambio, pueden desorientar a un niño pequeño.
¿Cómo saber si el cuidado que recibe mi hijo es “suficientemente bueno”?
No existe una lista que sirva para todos los niños, pero hay señales orientativas que vale la pena observar:
- El niño se muestra tranquilo con quien lo cuida. Pasado el período de adaptación, se despide sin angustia sostenida y se alegra, o al menos se siente cómodo, en el reencuentro.
- La cuidadora le habla y lo nombra. Le pone palabras a lo que le pasa en lugar de solo distraerlo o silenciarlo.
- Hay previsibilidad. Rutinas claras, respeto por los horarios y por los acuerdos con la familia.
- Hay comunicación abierta con los padres, incluso sobre lo que no salió bien en el día.
- Los conflictos se reparan. Después de un desencuentro, el adulto retoma, explica y vuelve a empezar.
Si alguna de estas señales falta, no es un veredicto: es un motivo para conversar. Y si el niño muestra cambios marcados (alteraciones del sueño, retraimiento, miedos nuevos), conviene consultar con un profesional en lugar de atribuirlos de manera automática a la persona que lo cuida.
Cómo seleccionamos al personal en Cuídame Mucho
Buscamos personas con verdadera vocación, capaces de establecer un vínculo afectuoso, respetuoso y comprometido con cada niño, brindándole seguridad, presencia y cuidado, siempre en sintonía con los valores y las decisiones de su familia. Porque para cuidar bien, la experiencia es importante pero no alcanza: hace falta sensibilidad, responsabilidad y una genuina disposición a involucrarse con el bienestar de cada niño.
Para llegar a esas personas, nuestro proceso de selección incluye:
- Verificación de referencias laborales, que deben ser recientes.
- Entrevistas por competencias, en las que evaluamos:
- las habilidades y aptitudes que la candidata adquirió en sus trabajos anteriores y que la preparan para el puesto;
- las condiciones de personalidad que favorecen y facilitan su desempeño en este rol;
- sus debilidades o aspectos a desarrollar.
- Evaluación psicológica, administrada por especialistas en evaluación de personal doméstico.
- Solicitud de documentación de la candidata.
Si estás pensando en incorporar a una niñera
Si vas a sumar a alguien al cuidado de tus hijos, o querés pensar cómo organizar ese cuidado en tu casa, escribinos. En Cuídame Mucho te acompañamos tanto en la búsqueda de la persona indicada como en las preguntas que aparecen cuando se empieza a criar en equipo.
Por Lic. Claudia Griffa (UBA) · Psicoanalista · M.N. 28591 · Socia fundadora de Cuídame Mucho


